“La que no mejora en un año, no mejora en muchos”. (Santa Teresa)

«En estas materia ‘debe procederse con firmeza, aunque haya que lamentar la falta de vocaciones’ [Optatam, totius 6]. No basta la ausencia de razones negativas; se requieren signos vocacionales positivos que avalen y recomienden el avance hacia las órdenes. Una duda prolongada durante años sobre la idoneidad del candidato puede ser sin más un criterio suficiente para que los formadores tomen la decisión de disuadirle de seguir adelante. El momento de la admisión de candidatos ofrece una ocasión muy oportuna para resolver estos casos de duda crónica. Sería perjudicial y, en algunos casos gravemente dañoso, tanto para la persona del seminarista como para la Iglesia, que los formadores por inercia, por falso sentimiento de la comprensión de las limitaciones humanas, por presiones ajenas o por cualquier otro motivo, le permitiesen avanzar hacia el sacerdocio sin unas razones positivas suficiente». [Cf. Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, n. 40, 1985. Congregación para la Educación Católica]

«La Congregación de Religiosos, mediante la Declaración Religiosorum intitutio, determinó que   se excluya del noviciado a quien “tenga el hábito del pecado solitario y que no dé esperanzas bien fundadas de acabar con ese hábito». [n. 30] [mutatis mutandis dígase lo mismo de seminaristas]

«[…] la necesaria madurez humana, la cual se comprueba, sobre todo, en cierta estabilidad         de ánimo, en la facultad de tomar decisiones ponderadas y en el recto modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres». (Optatam totius, n.11)

«Lo que no me da paz ni me hace feliz no es para mí».