«Procura que tu infancia sea inocente, tu niñez respetuosa, tu adolescencia paciente, tu juventud virtuosa, tu madurez cargada de méritos, y tu ancianidad sabia». [San Agustín, Sem. 216, 8.8] 

 

«Los hijos son pequeños y tú los mimas. Los pequeños son mimados. ¿Quieres acaso que permanezcan en su estado? Al contrario, deseas que crezcan, que se acerque a ellos la edad. Pero mira que cuando una edad se acerca, otra muere. Al llegar la puericia, muere la infancia; al llegar la adolescencia, muere la puericia; al llegar la senectud, muere la juventud; al llegar la muerte, muere toda edad. Cuantos grados de edad les deseas a los pequeños, otras tantas muertes de edades les deseas”. [San Agustín, In Psalmos 127,15]