«Éste [el ser humano] está constituido de tal modo que no puede vivir sin futuro: cuando en América se trasmitió por radio, entre las dos guerras mundiales, un programa sobre el fin del mundo tan realista que muchos pensaron que verdaderamente estaba llegando el fin del mundo, el resultado fue un gran número de suicidios. Las personas se quitaban la vida para no tener que morir, afirmó certeramente Emmanuel Mounier. Un contrasentido que, no obstante, pone claramente ante los ojos la verdadera constitución del ser humano: sin futuro, también el presente se vuelve insoportable para el ser humano –y por eso no nos atrevemos la mayoría de las veces a decir abiertamente a un enfermo incurable la verdad de su situación, porque nada le resulta al ser humano más difícil de soportar que la ausencia de futuro». (Joseph Ratzinger)