Todo lo que refiere a nuestro origen tiene siempre el doble carácter de fundamento e intimidad. La sucesión de las generaciones humanas, aún rodeada de accidentalidad y contingencia, parece dotada de una estabilidad y firmeza que se impone a las circunstancias materiales o históricas y que proyecta la posibilidad de la permanencia del hombre a la par que su dominio del mundo. No todo hombre es o será padre, pero constitutivamente todos somos hijos y por ello a la razón de paternidad se puede reducir como a su principio todo lo que se desarrolla en la vida delos seres humanos. No en vano la fe católica señala que si por el pecado de Adán todos fuimos constituidos pecadores es porque previamente Dios quiso otorgarnos todos los dones en nuestro primer padre. La Filosofía aspira a desarrollarse como saber del fundamento en la existencia humana.
Antonio Amado Fernández
Universidad de los Andes, Santiago
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