«Labios de necio traen discordias, y su boca provoca trastazos. La boca del necio es su ruina, y sus labios, trampa mortal» [Prov 18, 6-7]

 

«Las esperanzas vanas y engañosas son propias del necio» [Sir 34,1]

 

«El necio no para de charlar» [Ecc 10,14]

 

«Perro que vuelve a su vómito, el necio que insiste en sus sandeces» [Pro 26,11]

 

«El necio se divierte haciendo trampas» [Pro 10,23]

 

«El hombre necio, en la Biblia, es aquel que no quiere darse cuenta, desde la experiencia de las cosas visibles, de que nada dura para siempre, sino que todo pasa: la juventud y la fuerza física, las comodidades y los cargos de poder. Hacer que la propia vida dependa de realidades tan pasajeras es, por lo tanto, necedad. El hombre que confía en el Señor, en cambio, no teme las adversidades de la vida, ni siquiera la realidad ineludible de la muerte: es el hombre que ha adquirido «un corazón sabio», como los santos.» (Benedicto XVI, 1 de agosto del 2010)

 

«En efecto, el necio se engaña pensando que conoce muchas cosas, pero en realidad no es capaz de fijar la mirada sobre las esenciales. Ello le impide poner orden en su mente (cf. Pr 1, 7) y asumir una actitud adecuada para consigo mismo y para con el ambiente que le rodea.» (San Juan Pablo II, Fides et Ratio, 18)