«Ese freno moral que Freud designa con el nombre de super-yo no puede compararse con la conciencia moral. Representa tan solo una barrera puramente legal constituida por prohibiciones sociales exteriores a la personalidad y no forma parte integrante de esta personalidad –profunda– como la conciencia moral. Sobre todo no tiene, como la conciencia moral, el prestigio de representar un principio superior rigurosamente justo. Por último, el freno del super-yo no es sino una barrera impuesta, la conciencia moral es una obligación interior a la que se puede atender o no y que, justamente por la libertad que deja, nos toca mucho más hondo». (Henri Baruk)