Establecer un diálogo fecundo entre Santo Tomás y algunas propuestas de la psicología moderna es la invitación que Benjamín Suazo ha aceptado con promisorios frutos.
Así nos invita a enfrentar desafiantes dilemas por medio de preguntas por demás pertinentes: “frente a aberraciones como la pedofilia, personas responsables de genocidios, o quienes financian negocios ilícitos, surgen cuestionamientos del tipo, ¿es una persona mala o tiene un desorden psicológico? ¿Es posible la maldad? ¿Un problema así puede ser superado? No obstante, ni siquiera tenemos que pensar en grandes males. La experiencia cotidiana frente a personas que padecen alguna psicopatología suele hacer surgir preguntas similares: ¿Lo hace porque quiere? ¿Cómo no entiende si lo hemos hablado muchas veces? ¿Cómo no se da cuenta del daño que hace con sus actitudes? ¿Esta persona tiene un vicio o una adicción? (…) Luego, ¿qué es lo propio de un problema psicológico en comparación a una enfermedad médica?, ¿En qué “estructuras” internas arraiga una y otra?, ¿qué elementos conceptuales diagnósticos se pueden descubrir para diferenciar los problemas emocionales de los problemas morales?”.
La atención prestada a los fundamentos filosóficos a la par de la precisión semiológica que aquí notamos al describir el dinamismo psíquico no abunda en nuestro medio. Al acercarnos a esta obra nos preguntábamos porqué será que se percibe en ella un aire renovado y limpio.
A todos los que se lamentan de no tener nociones clínicas enmarcadas en una concepción realista, busquen en este libro una definición fecunda de psicopatología, de trauma, de psicoterapia. Y no se encontrarán con las manos vacías.
Jordán Abud
Doctor en Psicología
Presidente de la Asociación Argentina
de Psicología Realista “Ecce Homo”